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DESDE MI VENTANA

Mujeres “en guerra”

 

Por Denis García Salinas/ Desde Mi Ventana

 

El escándalo surgido por las denuncias de actrices de abuso sexual contra el productor estadounidense Harvey Weinstein abrió una “guerra” entre las mujeres de dos continentes. Por primera vez, surgen las discrepancias entre féminas.  Aquí se respira un sordo silencio porque nadie denuncia los acosos de los hombres con poder. La noticia es otra: el maltrato violento y asesinato de mujeres violadas en los estratos bajos, principalmente en el campo. Las palizas habituales de hombres violentos a sus pobres mujeres e hijos. De crímenes de violaciones están llenas las páginas rojas de los periódicos. Nada más sangre. Lo que pasa "arriba" de la sociedad no sabemos nada. No es noticia digna de los periódicos por intereses creados. Hasta mujeres, que disfrutan algún poder, humillan y tratan, brutalmente, a las mujeres. Hace muchos años, en un país extranjero, una catedrática universitaria escribía contra la opresión de la mujer, sin embargo, salió a luz que maltrataba a su empleada. Eso también es común, pero no sale en los rotativos. Tampoco, nadie hace hincapié en el rostro de falsedad de algunas luchadoras por la emancipación de las mujeres.

 

La opresión comienza

en el hogar

 

No hay duda, el mundo ha ido cambiado con el tiempo y, con ello, el papel de la mujer. El socialista utópico Charles Fourier dijo que "la evolución en la sociedad se mide por el progreso de las mujeres hacia la libertad." El camino ha sido largo y difícil. La ONU afirma que una de cada tres mujeres puede sufrir abusos sexuales en su vida. La opresión de la mujer empieza desde el hogar, tanto de ricos como de pobres. Vivimos en un mundo donde más del 2/3 de los analfabetos adultos son mujeres, señala la ONU. Se dice que es un asunto cultural, pero vemos que hasta en los sectores educados y pudientes el hombre lastima a su mujer, de una u otra forma. Acaso, no hemos visto a hombre ricos gritándole a su mujer, hasta en público. A diferencia de los países empobrecidos de América Latina, Asia y África, en EE.UU las mujeres se han declarado en rebelión. En efecto, en Hollywood, las actrices denunciaron a poderosos por haberle tocado una pierna o mostrado su falo. Dusty Hoffman se desnudó frente a la chica Cori Thomas en un hotel e hizo insinuaciones sexuales. El actor le pidió a la chica, de 16 años, que le hiciera masaje en los pies. En algunos países pobres, que ignoran el escándalo de esas mujeres que denuncian los acosos sexuales, las mujeres son vendidas y otras muertas a pedradas por supuesta infidelidad. O aguanta la opresión del hombre hasta el fin de sus días.

 

 

La mesa está servida: El debate

 

La parte buena de esta triste historia es que las mujeres perdieron el miedo y están dispuestas a contar sus historias a la prensa.  Pero algunas lo hacen por buscar notoriedad o por dinero. Ese debate arreció en Hollywood, tras conocerse el movimiento Time's uP, apoyado por más de 300 actrices estadounidenses. Su púlpito fue la ceremonia de los Globos de Oro, donde se denunció las agresiones sexuales de actores y productores célebres contra actrices.

 

 

Y el escándalo, que derramó mucha tinta periodística, saltó hasta Europa, en específico Francia. Allí, cien mujeres actrices, intelectuales y escritoras, entre ellas Catherine Deneuve, escribieron un manifiesto contra lo que llaman el "puritanismo" sexual del movimiento Time's Up (tiempo terminó) contra depredadores de mujeres como el productor Weinstein.  Las francesas, muy liberales, dejaron claro su oposición a las estadounidenses, dejando caer esta sentencia, como una loza aplastante: “La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista". Otra terció, la filósofa Peggy Sastre, escritora del ensayo La dominación masculina no existe y la escritora Abnousse Shalmani, escribió en su columna periodística: El feminismo (tan en boga en EE.UU.) es una nueva forma de "totalitarismo." Y, no solo eso, la francesa dijo que el "el feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena". La periodista Elisabeth Lévy calificó de "infecto" el movimiento iniciado como #MeToo o #balancetonpore(denuncia a tu cerdo). La actriz Deneuve dijo, en ese entonces, que la estrategia de ese movimiento no era una solución a ese problema. La escritora Catherine Millet escribió: es "exacerbado y agresivo". Las francesas han colocado a esos movimientos feminista ante un paredón de fusilamiento.

 

La venganza femenina

 

Las francesas aseguran que las denuncias aparecidas en las redes sociales se parecen a "una campaña de delaciones y acusaciones públicas hacia individuos a los que no se deja la posibilidad de responder o de defenderse". Esta "justicia expeditiva ya tiene sus víctimas: hombres sancionados en el ejercicio de su oficio, obligados a dimitir(...) por haber tocado una rodilla, intentado dar un beso, hablado de cosas intimas en una cena profesional o enviado mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no sentía una atracción recíproca".

 

En Nicaragua, “nadie ha dicho esta boca es mía”. Un silencio sepulcral en los periódicos y las mismas redes sociales. Quizá los techos de las familias son más vulnerables, pero no existe esa tradición, donde los diarios son despiadados contra los depredadores sexuales. Estados Unidos es otro mundo, en nuestras provincias latinoamericanas el acoso es una historia sin tiempo. Una crónica no escrita. Uno se pregunta cómo es posible que un actor simpático y famoso “necesite” tomar por la fuerza a una bella mujer, cuando solo basta expresarle lindos piropos sin ofender su pudor. Ninguna persona juiciosa  aprueba las conductas depredadoras de ciertos productores y actores que manosean o tratan de robarle un beso o una caricia. Nadie puede obligar a una mujer a hacer lo que ella no quiere o detesta. Pero tampoco eso justifica condenar al ostracismo a un actor por simplemente tocar a una mujer o decirle que la desea.  Tampoco, es suficiente para declararle la muerte civil o arrojarlo al ostracismo laboral.  Ese grupo  #Me too tiene toda la razón cuando una mujer es violada, pero no tiene sentido asumir posiciones “estalinistas” cuando alguien solo  le toca la pierna a una mujer o le hace una propuesta atrevida.

 

 

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